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Nuestro Rincón

SIENTE LA ANSIEDAD, SIN RECHAZO
A menudo, cuando nos invade un sentimiento negativo de rechazo, repulsa, miedo o tal vez unas malas sensaciones, lo que queremos es controlarlo, reducirlo, eliminarlo.
Un ataque de pánico, una crisis de ansiedad o una depresión son respuestas desproporcionadas de nuestro cuerpo ante alguna situación, objeto, causa etc que nos desborda.
Pero la vida no consiste solamente en sentir sensaciones positivas. Como citaba el gran Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Yo soy yo, con mis cosas buenas y mis cosas malas. Yo feliz y yo triste. Yo capaz y yo derrotado. No existe la felicidad sin la tristeza, ni el amor sin el desamor por ejemplo; para que sepamos cuál es uno de los lados de la moneda tenemos que haber aprendido antes el otro.
Por ello, es contraproducente intentar vivir sin tener estrés, ansiedad, miedos, problemas, etc… Son reacciones con las que tenemos que aprender a vivir, y no tener rumiaciones constantes intentando disminuirlas, pues bien nos dice la paradoja que mientras más nos obliguen a hacer algo, menos lo querremos hacer, y viceversa. Con estas sensaciones “negativas” pasa un poco igual: No intentes tener ansiedad, estate tranquilo. Esto nos produce y nos producirá el efecto contrario.
Abrámonos a los sentimientos y sensaciones, aceptémoslas y seremos capaces de convivir, en lugar de una lucha constante por intentar eliminarlas. Ellas mismas nos van a abandonar a nosotros.

EL APEGO Y LA SEXUALIDAD
Todo ser humano nace con miedo al abandono, a la pérdida, a la destrucción o a la muerte, por el hecho de nacer como una tábula rasa, inmaduro, sin capacidad de supervivencia. Desde la teoría del apego sabemos que las personas seguras desarrollan capacidades suficientes para conjurar este miedo. Sin embargo, las personas inseguras se ven obligadas a desarrollar estrategias defensivas para tal fin. Por ejemplo, las personas que muestran un perfil evitativo tienden a desactivar el sistema de apego, creando una falsa sensación de suficiencia emocional. Son las personas que suelen decir: “más vale no tener, que tener y perder”. Los que muestran un perfil más bien ansioso – ambivalente, se defienden hiperactivando el sistema de apego, de manera automática. Son personas que demandan constantemente señales de que son queridos y, a pesar de ellas, tienden a pensar al final, en un momento dado, serán abandonados.
 
La teoría del apego se basa en la idea de que las personas se desarrollan en base a la interacción entre el bebé y las personas con las que mantiene una relación preferente a partir del nacimiento. La necesidad de supervivencia ha logrado a lo largo de la evolución de las especies una serie de sistemas de conducta que impulsan al bebé al contacto con el cuidador, es decir, con la figura de apego. Esta experiencia relacional entre el bebé y sus figuras de apego se grava en la memoria en forma de registros cognitivo-emocionales que constituyen lo que conocemos como modelos internos, que regularán todas las relaciones interpersonales a lo largo de la vida, especialmente aquellas que implican proximidad psicológica. En la medida en que las figuras de apego tengan capacidad de respuesta, contribuirán a que nuestros hijos sean seguros, confiados, con capacidad de exploración, con capacidad de regular las emociones,  resilientes, y en definitiva, personas seguras. 
 
La intimidad
 
La intimidad es un espacio arriesgado donde el ser humano puede sentirse muy vulnerable. Las personas inseguras se caracterizan por no sentirse confortables en este espacio. Tienden a tener miedo a la intimidad. Es como si pensaran”si permito que alguien entre en el espacio de mi intimidad se va a dar cuenta de que realmente no valgo la pena y me abandonará”. Este proceso, por supuesto, no es consciente. Sin embargo las personas seguras tienden a sentirse cómodas y confortables en este espacio, no necesitan defenderse, no tienen nada que temer. Por ello la experiencia erótica puede ser plena puesto que no es necesario defenderse de amenazas subjetivas, aquello que nos dice nuestra mente. Esta hipervigilancia defensiva activa la ansiedad que, como sabemos, es incompatible con la capacidad de dejarse llevar por sensaciones voluptuosas, lo que puede llevar a diversos problemas sexuales.
 
El apego y la sexualidad
 
El deseo erótico impulsa al individuo al encuentro con el otro con el fin de satisfacer necesidades eróticas. La proximidad psicológica, es decir la intimidad, activa los modelos internos, que filtran la percepción de la realidad e interfiere en los comportamientos sexuales. La seguridad del apego permite no tener miedo a la intimidad, estar tranquilo, seguro y receptivo a la experiencia que se vive.
 
La teoría del apego considera que el amor, aquello que nos impulsa a sentirnos atraídos, a buscar la proximidad, la seguridad en el contacto y la presencia con la una persona determinada, no es otra cosa que la motivación que hace posible la relación afectiva en los primeros años de la vida, pero en versión adulta.
 
Por tanto, el amor y el deseo erótico son dos dimensiones que no deben confundirse. Por un lado el amor es la necesidad de tener una figura de apego incondicional, accesible, que constituya la base de seguridad que contribuya a la estabilidad emocional. Por otro, el deseo sexual impulsa a las personas a satisfacer necesidades eróticas.
 
El deseo erótico y el amor tienen diferente origen y buscan distintos objetivos. Para comprenderlas hay que separarlas. Sin embargo, estas dimensiones interactúan entre sí de modo que, o bien se potencian extraordinariamente (probablemente no hay mayor afrodisíaco que sentirse enamorado), o bien se interfieren, dando lugar a dificultades, alteraciones y trastornos psicosexuales, como las disfunciones sexuales o algunas formas de parafilias.
 
La contribución que se hace desde la teoría del apego consiste en la mentalización. Ésta viene a ser el proceso a través del cual las personas pueden pensar acerca de sus propios pensamientos, reconocer que la interpretación que se hace de ella es una entre otras tantas posibles, alcanzando de este modo un mayor grado de libertad interna. No se trata de “enseñar” a las personas a hacer las cosas de otra manera, sino de estar atentas a los estados mentales propios y de la pareja en los momentos de exigencia relacional como la que se produce en el espacio de la intimidad erótica. De este modo se producen experiencia correctoras que pueden modificar los modelos internos de igual modo que las actualizaciones modifican y mejoran el sistema operativo de nuestros ordenadores. Se trata, por tanto, de ayudar a las personas a hacer inteligibles las dificultades que les generan sufrimiento o malestar.
 


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